miércoles, 24 de junio de 2015

Abuso del chupete y del biberon.

La Sociedad Española de Odontopediatría recomienda limitar el biberón a los 12-18 meses de vida. En la actualidad, comprobamos el mal uso o abuso del biberón. Hay niños con tres, cuatro años o más que utilizan habitualmente el biberón para desayunar y cenar. No manchan, les calma, están muy tranquilos y si además lo acompañamos con una televisión delante, tenemos asegurado un rato de calma. Pero los inconvenientes de su uso abusivo son muchos.
Todos estos hábitos pueden ocasionar un cambio en la forma de la boca del niño que incluso puede llegar a repercutir en el desarrollo del lenguaje.Un abuso del chupete y la succión digital pueden generar una mordida abierta (falta de contacto evidente entre las piezas superiores e inferiores) que dificulta una correcta oclusión. La alteración de los dientes anteriores puede conducir a dificultades  de la articulación, interfiriendo en la formación de los sonidos correspondientes a las letras M, P, B, F, V y S (“ceceo”). La mala colocación de la lengua, puede ocasionar dificultades a la hora de tragar. La respiración bucal genera la falta de desarrollo del maxilar superior  pudiendo causar apiñamiento, tendencia a la mordida abierta y una posición de lengua baja y adelantada.


Con el tiempo, el niño debe dejar el biberón y empezar a beber exclusivamente en taza. Los padres suelen preocuparse de que el niño no tome suficiente leche. Es cierto que la mayoría de los niños a los que les encanta el biberón beben menos leche en taza, pero un niño de un año necesita tan sólo 454 centímetros cúbicos al día de leche y a un niño entre dos y tres años le bastan 510 centímetros cúbicos al día. Además, tomará otros productos lácteos.
No se debe utilizar el biberón como chupete, ya que también eso le hará depender más de él.
Nunca hay que darle el biberón en la cuna cuando vaya a dormir. Esto puede causar caries graves.
Enséñele a beber en taza a los seis meses. Ofrecerle la taza a la hora de comer para que empiece a desarrollar la habilidad de beber en ella. Déle su propia taza de colores que pueda reconocer.
Una vez que se haya emprendido la misión, no hay que echarse atrás.